Biografía
Sobre Erickson: Sus luchas físicas.
Por Sra. Elizabeth Erickson
Tan original como Erickson era como hipnólogo, psicoterapeuta o profesor, era aun más original en la forma en la que vivió su vida. Hay evidencias de esto en cada hora de su vida, pero su individualidad estaba particularmente bien expresada en la forma con la que venció las luchas con los obstáculos físicos en su camino a una vida plena. Los numerosos problemas físicos de Erickson están narrados a continuación en una carta que data del 10 de diciembre de 1984, de su mujer, Elizabeth Erickson... Aunque su informe no significa tanto como el del propio Erickson, las memorias de la señora Erickson son un elocuente testimonio de esta área de la genialidad de Erickson...”
“Mi difunto marido, Milton H. Erickson, sufrió su ataque inicial de poliomielitis a la edad de 17 años (en 1919). La infección fue extremadamente severa. Estaba completamente paralizado, incapaz de hacer otra cosa que hablar y mover sus ojos y era consciente de que no se esperaba que sobreviviera. Fue cuidado en su granja familiar por su madre y una enfermera interna. Como su infección amainaba hasta cierto punto, su enfermera, por cuenta propia, usó el tipo de terapia que sería más tarde popularizada (contra la oposición médica) por la enfermera australiana Hermana Kenny. Ella desarrolló un sistema que consistía en bolsas calientes, masajes, mover los miembros paralizados y en motivar la participación del paciente”.
“Milton, por su cuenta, desarrolló un sistema de concentración mental en un mínimo movimiento, reviviendo mentalmente ese movimiento una y otra vez. Al ir recuperando más fuerza, utilizaba cualquier oportunidad para ejercitar más y más músculos para reforzarlos, aprendiendo a andar con muletas, aprendiendo a montar en bicicleta, y finalmente, consiguiendo una canoa, provisiones básicas, un equipo de camping, unos pocos dólares, y planeando un largo viaje veraniego en canoa, comenzando en el lago cercano al campus de la universidad de Wisconsin, siguiendo el curso del agua hasta el Mississippi y marchando hacia el sur hasta St. Louis, volviendo río arriba por el mismo camino”.
“Un amigo planeó acompañarle pero se retiró en el último momento. Milton lo realizó solo, a pesar de sus desventajas físicas, sin decirle a sus padres que viajaría sin compañía. Después de muchas aventuras y de arréglaselas con muchos problemas pero aprendiendo varias lecciones de estos, de encontrarse con interesantes personas, algunas útiles, completó su viaje con mucha más salud, con los músculos de la espalda fuertemente desarrollados, y listo para retomar la universidad”.
“Muchos años después me dijo que la perdida permanente de sus músculos, la mayor parte en su lado derecho, le debería haber dejado con el hombre izquierdo mucho más alto que el derecho, y con un torso visiblemente torcido. A base de esforzarse físicamente practicando delante de un espejo, consiguió nivelar sus hombros, pero incrementando mucho la curvatura de su espina dorsal causada originalmente por la polio, pero en un grado mucho más bajo. Él sentía que había valido el esfuerzo para tener una apariencia lo más normal posible. Durante la Segunda Guerra Mundial, le realizaron unos análisis físicos intensivos para comprobar si estaba cualificado para un servicio limitado como oficial médico. Los especialistas que realizaron el examen se quedaron asombrados y desconcertados con los resultados de los rayos X que se tomaron de su espina”.
“Aunque estaba justificadamente orgulloso de haber conseguido nivelar sus hombros, retrospectivamente se puede decir que tuvo efectos perniciosos a largo plazo. En sus últimos años, uno de los médicos que más le conocían me dijo que al menos alguno de sus periodos de completa incapacidad, la progresiva pérdida de músculos, y los grandes dolores, podía estar causados por la acomodación de los huesos de su columna espinal girada agravado por los cambios artríticos, que llevaban a los pinchazos y a la degeneración de las partes supervivientes de sus nervios espinales”.
“Conocí a Milton en 1935 y nos casamos en 1936. En ese momento era un hombre activo y vigoroso, con una marcada cojera en el lado derecho. Caminaba con un bastón pero podía hacerlo en largas distancias. Tenía los hombros anchos y fuertes”.
“Tuvo algunos breves episodios de dolor en músculos y articulaciones, pero no muy serios hasta el final de los 40. Durante la guerra, las tareas del personal en el Hospital Eloise (posteriormente conocido como el Hospital General del Condado de Wayne, en Eloise) estaban muy incrementadas por la falta de personal. Estaba además inmiscuido en la formación de residentes en Eloise, y de estudiantes de medicina en el acelerado programa docente de medicina en la facultad de medicina de la Universidad de Wayne el centro de Detroit. Adicionalmente, se pasaba muchas horas (antes o después de un día completo en Eloise) realizando exámenes psiquiátricos a los reclutas militares en la estación de reclutamiento del centro de la ciudad, marchando aquí y allá en autobús ya que no teníamos gasolina. Todo este trabajo no le molestaba”.
“Un punto que quiero recalcar es que sus recurrentes y usuales ataques parecían estar desencadenados por un severo stress físico. Al final del verano o principios de otoño de 1947, estaba montando en bicicleta desde nuestro apartamento en los terrenos hasta su oficina (también en los terrenos, pero a cierta distancia). Montaba en bicicleta para hacer ejercicio. Un perro corrió contra su rueda y le tiró, sufriendo raspaduras y cortes superficiales, algunos en la zona de la cara introduciéndosele arena en alguna de las heridas”.
“Nunca había tenido la toxina del tétanos, así que decidió que no importaba el riesgo (a causa de sus múltiples alergias) que tenía el inyectarse las antiguas antitoxinas del tétanos. Alrededor de 10 años después, desarrollo una severa enfermedad del suero, que incluía dolores musculares, un episodio cercano al coma, y otra sintomatología. Se recuperó parcialmente, reanudando su trabajo de oficina y de enseñanza, pero volvió a caer enfermo”.
“Finalmente, en la primavera de 1948, cayó tan enfermo que fue hospitalizado en el Hospital de la Universidad de Michigan, en Ann Arbor. Ninguno de los doctores, incluso los destacados neurólogos que allí trabajaban, pudo ofrecer ningún consejo, excepto que el invierno frío y húmedo de Michigan y sus múltiples alergias primaverales y otoñales estaban agravando su estado y que deberíamos considerar marcharnos durante el verano y pasarlo en un área seca y caliente con aire puro y lejos de las sustancias alérgicas de Michigan.
“Nos decidimos por Phoenix, Arizona, porque era el único lugar en Arizona, Nevada o Nuevo Méjico donde conocíamos a alguien. El superintendente de Hospital estatal de Arizona (la única institución en un estado con menos de 800.000 habitantes que acogía a enfermos mentales, alcohólicos, seniles, retrasados profundos, y los “enfermos criminales” en ramas separadas) era el Dr. John Larson, un viejo amigo, que había sido psiquiatra y investigador psicológico en Detroit. Se había trasladado al oeste a causa de la salud de su hijo, y mantenía su pequeña institución en unos edificios antiguos, con una plantilla mínima y mayor, pero que estaba realizando un trabajo increíblemente hábil para convertirla en una de las instituciones mejor llevadas en el sudoeste. Milton estaba encantado de poder ayudar. Al final de Junio, conduje a Arizona con los 4 niños pequeños. Los dos mayores, entonces con 17 y 19 años, permanecieron en Michigan. Unos pocos días antes, Milton dejó el Hospital de Ann Arbor y fue llevado a un avión por un amigo para viajar a Arizona, donde el Dr. Larson le recogió y hospedo hasta que yo llegué unos días después. Milton se estaba recuperando en ese momento. Permanecimos en un motel durante una semana y después alquilamos una pequeña casa de campo para el verano”.
“Durante ese tiempo, sólo recuerdo un pequeño episodio de recaída, y se encontró tan bien que decidió ingresar en la plantilla del Hospital estatal. Volé a casa por unos días y realice las gestiones para la mudanza, y a mi vuelta nos trasladamos a los terrenos del hospital. El hijo de 17 años se unió a nosotros viajando en autobús. Hasta el verano de 1949, Milton trabajó duro, entusiastamente y con mucha energía, desarrollando cambios progresivos en el hospital estatal. En ese momento el Dr. Larson tuvo un conflicto con un grupo de políticos miembros del Comité de Control del Estado de Arizona, dimitió y dejó el estado. Milton dimitió también y decidió dedicarse a la consulta privada.”
“Compramos una casa en Phoenix y estábamos preparándonos para trasladarnos cuando cayó breve pero severamente enfermo. Estuvo hospitalizado durante unos pocos días durante la mudanza, y después volvió a casa y poco a poco fue recuperando las fuerzas mientras iba montando gradualmente su consulta. Originalmente pretendíamos alquilar una oficina normal en un edificio médico, pero en ese momento creo que se dio cuenta que advirtió que necesitaba esforzarse menos físicamente y descansar más, así que nos dimos cuenta de las ventajas prácticas de usar una habitación en la casa como estudio y oficina, donde si quería podía utilizar alguna hora libre para ir a la cama a descansar. Por lo tanto desde entonces hasta su muerte en 1980, su oficina estuvo en la casa”.
“En el otoño de 1949 estuvo hospitalizado dos veces, la recurrencia en este caso fue entonces considerada como una recaída de la enfermedad del suero, provocada por las alergias a sustancias alérgicas a las que se había vuelto sensible, así como por la basura y algunas comidas. Tenía un muy buen alergólogo que le trató durante muchos años, recomendándole inyecciones de antígenos, un ambiente lo más libre de basuras posible, y evitar e identificar los alimentos a los que era sensible.”
“El siguiente y más severo episodio fue en 1953. Los doctores locales eran compasivos pero no tenían ninguna recomendación. Un amigo en el hospital John Hopkins dijo que podría tratarle si yo pudiese llevarle allí. Yo no podía acompañarle porque tenía dos niños pequeños, nacidos en 1949 y 1951, además de que los otros niños estaban todavía en casa. Lo arreglamos para que dos jóvenes internos fueran con él en tren; fue recogido por una ambulancia y los dos médicos jóvenes volaron de vuelta a casa”.
“Milton fue hospitalizado en Maryland durante algún tiempo, recuperándose, y fue examinado por neurólogos, ortopedistas, y otros muchos especialistas. Parecía estar bien, pero todavía no tenían ningún diagnóstico o pronóstico. Hubiesen preferido que hubiese permanecido indefinidamente para realizarle más pruebas, pero pidió y le fue concedido el ser dado de alta y volver a casa”.
“Era aparente que, aunque se sentía bien de nuevo, había desarrollado una gran cantidad adicional de pérdida muscular. Algunos meses más tarde, después de su vuelta al horario normal de trabajo, un amigo ortopedista recibió la visita de un renombrado neurólogo. Este doctor examinó a Milton y dijo que a razón de la reciente perdida muscular, sólo podía realizare un diagnóstico razonable, un ataque reciente de poliomielitis, lo cual era raro pero no imposible, ya que hay tres variantes del virus.”
“En vista de los recientes descubrimientos de episodios similares en otras víctimas de polio (incluyendo la recurrencia de los síntomas originales de la polio), esto era un diagnóstico perspicaz y astuto, pero posiblemente era equivocado .
“Durante el resto de la vida de Milton tuvo efectivamente repetidos episodios de enfermedad, similares a los descritos anteriormente. Pero tras cada episodio era capaz de reanudar su trabajo, viajar extensamente, escribir documentos, realizar investigaciones y estaba activo en el trabajo organizacional y la edición. Sin embargo, prácticamente a cada momento iba perdiendo tono físico.”
“Perdió sus poderosos músculos de los hombros hasta tal extremo que frecuentemente tenía que usar ambas manos para levantar los cubiertos. Usaba una silla de ruedas más y más, en principio sólo para los viajes largos y posteriormente la mayor parte del tiempo, usando su bastón para andar cada vez menos frecuentemente, quedando finalmente completamente restringido a una silla de ruedas. En ese momento, dejó de viajar (1969) y en 1970 nos trasladamos a otra casa, que había sido remodelada para ser utilizada de forma más fácil con silla de ruedas.”
“Entre 1970 y 1980, fue perdiendo poco a poco fuerza muscular, desarrollando algo de pérdida de control de la lengua y la mejilla, por lo que no pudo llevar dentaduras ni hablar tan claramente, y perdió la habilidad de mantener prolongadamente los ojos focalizados en un punto. Tuvo que dejar su extensa actividad lectora (tanto de literatura recreativa como profesional). Sin embargo, su estado parecía haberse estabilizado. Sólo puedo recordar un corto episodio de enfermedad severo.”
“Se fue retirando la consulta privada de psiquiatría, abandonándola completamente alrededor del 1974. Por entonces, empezaba a recibir solicitudes para sesiones de formación impartidas en nuestra casa y oficina. Se volvieron tan populares que tenía todo reservado hasta el final de 1980, y podía haberse programado la agenda hasta el año siguiente o más. Lentamente fue disminuyendo las horas de clase a sólo por la mañana, y las reservas futuras se hacían para cuatro días a la semana”.
“Esto me lleva a realizar otra aclaración: Aunque el Dr. Erickson se sintiese muy mal, podía a menudo calmarse para dar una lección importante o para ver a un paciente que él sentía que iba a caer en una fuerte crisis psiquiátrica y que no podía esperar. En estos casos acaba derrumbándose en la cama. Pero, en general, dosificaba sus fuerzas, permitiéndose huecos en su horario para ir a la cama a descansar; si sentía que le apetecía leer, era lectura muy ligera (como libros de comic).
“En sus últimos años su afición era la televisión, se mantenía al día con las noticias, amaba los programas de historia natural, y escuchaba comentaristas como el “McNeil-Lehrer Report,” pero también se relajaba con programas ligeros como “Barrio Sésamo” o “The Dukes of Hazzard”.
“Continuó contribuyendo a la literatura profesional mediante su colaboración con Ernest Rossi y Jeffrey Zeig, pero se relajaba garabateando en lápiz las largas historias de animales y vida familiar que contaba a sus hijos y nietos. Me dijo que los programas ligeros de televisión y las historias para niños eran beneficiosas para él como distractores de las sensaciones de dolor. Llegó a vivir 78 años, mucho más de lo que esperaba, y estuvo activo durante la semana de su muerte”.
1. En la actualidad se ha documentado esto en personas que han sufrido polio, referido a un síndrome post-polio. Los episodios y síntomas de Erickson son consistentes con este síndrome.
2. Se puede encontrar información bibliográfica adicional en Healing in Hipnosis (Rossi, Ryan, and Sharp, 1983.)
Copyright ©1985, Jeffrey K. Zeig, Ph.D. Tomado de Experiencing Erickson: An Introduction to the Man and His Work. Brunner Mazel Publishers, Inc., New York, pp. 7-12 [Reproducido con el permiso del autor]
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